No mires para otro lado, heredante!
Autor: Dr. Leonardo J. Glikin, abogado consultor en Planificación en Empresa y Familia
Sí, sí. A vos te estoy hablando. No mires para otro lado ni creas que estoy hablándole a tu vecino. Aunque, pensándolo bien, él también debería darse por aludido. Porque vos sos heredante, tu vecino es heredante, yo soy heredante...
En la Argentina, están prohibidos los pactos sobre una herencia futura. Esto significa, por ejemplo, que no podemos cobrar $15000 a cambio de prometerle nuestro auto a un sobrino mediante un testamento. Pero no implica que no debamos pensar en que todos somos mortales y en que, alguna vez, vamos a ser heredados.
Te aseguro que pensarlo hace bien. Porque te permite tomar las cosas con una mejor perspectiva. Alejarte, quizá, del pensamiento cortoplacista y engancharte un poco más en las grandes decisiones de tu vida, aquellas que te van a definir más allá del tiempo que estés en la Tierra.
Si vos y yo aceptamos que somos heredantes, tenemos que pensar acerca de algunos temas, como:
- la prevención de conflictos entre nuestros herederos
- la protección de los hijos menores
- quién va a hacerse cargo en el caso de que estemos cuidando de alguien que no puede valerse por sí mismo (un discapacitado o un anciano)
- la provisión de fondos para un proyecto que amamos
- quién nos va a suceder en nuestra empresa o negocio
- una donación o legado para el bien público
- la designación de los ejecutores de esa magnífica voluntad que se pone en movimiento cuando nos damos cuenta de que vamos a ser heredados y queremos que nos recuerden de la mejor manera posible.
A esta enumeración se pueden agregar infinidad de otros supuestos, que tienen -en todos los casos- un punto en común: tomar las cuestiones de la vida teniendo en cuenta la posibilidad del retiro y la certeza de la muerte.
El significado de ser heredante
Si hacés un recorrido por el Código Civil, no vas a encontrar esta palabra porque Vélez Sarsfiel (igual que todos los codificadores de su época) se refiere al autor de la sucesión o al difunto. Sólo lo imagina vivo cuando redacta un testamento y, en esa situación, alude al testador.
Pero un heredante es mucho más que un testador y tiene muchos más recursos que -habitualmente- no se conocen o no se reflexiona sobre ellos. Puede, por ejemplo, constituir un fideicomiso o contratar una renta vitalicia o un seguro de vida a favor de otra persona.
También puede decidir la constitución de una sociedad por acciones como manera de facilitar eventuales trámites sucesorios o, por el contrario, decidir que la sociedad que existe actualmente puede tornarse fuente de riesgos o conflictos innecesarios para sus seres queridos y, para evitarlos, decidir la venta del negocio o la disolución de la sociedad.
En otros casos, puede liquidar la totalidad de sus bienes y mantener el producido en una cuenta de orden recíproca, de manera de evitar toda tramitación a sus futuros herederos. O llegar a la conclusión de que la difícil relación entre sus futuros herederos convertiría el trámite sucesorio en una batalla campal, por lo cual es mejor convocar a todos a una mediación de carácter preventivo.
Planificar es ser responsable
Todas estas acciones que una persona puede realizar con espíritu preventivo constituyen, en definitiva, las aplicaciones y estrategias de la Planificación Sucesoria. El sujeto que encara esas aplicaciones y estrategias no es difunto ni causante. Por el contrario, es una persona que está viva y produce actos de enorme trascendencia. Ese es el heredante.
La planificación de la herencia es una responsabilidad trascendente de una persona. En especial, cuando está rodeada por personas, proyectos o situaciones que tienen a su respecto algún grado de interdependencia afectiva o económica.
La muerte es una certeza, pero el momento en el que ocurre es una contingencia imprevisible. Los heredantes, entonces, tenemos enormes tareas para realizar por el bien de quienes queremos, de nuestra comunidad y por nosotros mismos.
La primera tarea es reconocernos como lo que somos y decidirnos a poner manos a la obra. Porque los heredantes somos sujetos con derechos y obligaciones que podemos sellar el futuro de una familia o de una empresa con nuestros actos y nuestras omisiones, con nuestras palabras y nuestros silencios.
Reconocernos como heredantes es un asunto del más acá. Cuanto antes lo hagamos, mejor será.