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El CAPS Asociación Civil es la primera entidad hispanoparlante consagrada al establecimiento, la práctica y la difusión de la Planificación Personal en todas sus ramas: patrimonial, sucesoria y financiera.
Nuestra misión es investigar, desarrollar y difundir la Planificación, metodología ineludible para prevenir conflictos y prever el futuro en la sociedad, la familia y la empresa, hacia una calidad de vida mejor.
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Extractada de Matrimonio y Patrimonio,
de Leonardo J. Glikin.
Norma. acababa de descubrir que Miguel, su marido,
mantenía una relación extramatrimonial. Pero, al mismo tiempo, se abrió una
franja de sospechas respecto de movimientos patrimoniales extraños. Norma sabía
que su esposo había sido muy exitoso en los negocios. Pero, de un tiempo a esta
parte, se venía achicando, a través de ventas de inmuebles; la separación del socio de toda la
vida... Todo esto era la crisis de los 50, o una serie de
maniobras fraudulentas en su perjuicio?
El problema principal de Norma era que no
tenía fondos propios. Sabía que, iniciada una demanda, Miguel escatimaría al
máximo posible los aportes de dinero a la casa. ¡Y ellos tenían un excelente
nivel de vida, que no se podía afrontar con un simple sueldo promedio que ella
saliese a ganar!
Analizada la cuestión, se vio que, con lo
que el juez pudiese fijar como alimentos provisorios y los gastos básicos del
juicio (que se denominan litis expensas)
Norma no podría mantener el elevado nivel de la familia.
El equilibrio era delicado. Norma planteaba
que, por las buenas, Miguel nunca la dejaría en la calle. Pero si ella se
decidía a “atacar”, de alguna forma, las consecuencias serían terribles.
En este punto, entran en juego las
convicciones personales de los protagonistas. Hay quienes, en una situación así
y con una política de muy bajo perfil, consiguen mantener determinados
beneficios a lo largo del tiempo.
Claro que esta política también acarrea
determinados inconvenientes. En principio, ser cómplice voluntario del propio
engaño implica cierta negación de la propia dignidad que puede terminar por
escaparse de las manos. Como planteaba Bertolt Brecht, “hoy vinieron a buscarme,
pero ya es tarde”.
En una guerra sorda y clandestina, es muy
posible que uno de los contendientes crea que lo importante es ganar una batalla
cuando, en realidad, lo que realmente importa son las consecuencias a mediano o
largo plazo.
Por ejemplo, alguien en la situación de
Miguel puede prometer a su esposa una solución aparentemente satisfactoria, pero
con la condición de que “no quiere abogados”. O si no, puede decirle: “Con mi
abogado, va a costar mil pesos, que yo voy a costear. Si cada uno tiene su
propio abogado, va a costar mucho más caro, y entonces vos serás responsable de
nuestra desgracia económica”.
A nadie le gusta sentir que está generando
mayores gastos que los necesarios, por una actitud caprichosa o irracional. La
mayoría de las veces uno aprende, tardíamente, que tener un abogado propio y de
toda confianza hubiera sido imprescindible.
Frente a una negociación de estas
características, Norma podría tener en cuenta ciertos principios básicos. Por
ejemplo: no negociar cuando el contendiente impone condiciones de fuerza o
formula propuestas irracionales.
Cuando el diálogo se refiere a un divorcio,
en el marco de una pareja con hijos en
común, hay que tener en cuenta que el contendiente es alguien que seguirá
perteneciendo al círculo de interrelaciones, al menos hasta que los hijos sean
mayores de edad.
Si desde el comienzo, uno adopta una
actitud excesivamente laxa, el otro puede “tomarle el tiempo”. Y luego se
volverá mucho más difícil lograr un cambio de frente.
Finalmente, luego de asesorarse, Norma
decidió presentar una demanda de divorcio con mucho vigor. ¿Para qué? Para
lograr varios objetivos al mismo tiempo:
· .-
Ponerse
en una situación de mucha más fuerza y prestigio frente a su marido.
· .-Demostrarle
que no le teme.
· .-Eventualmente,
desenmascarar fraudes y ocultamientos (lo cual era muy posible, en el ámbito
socioeconómico de Miguel).
Por supuesto, cuando Miguel se enteró de la
demanda, exhibió las reacciones típicas:
· “¿¡Cómo
me hacés esto a mí!?”.
· “Arreglemos
todo esto entre nosotros, porque, evidentemente, tu abogada te llenó la
cabeza”.
· “Te
vas a arrepentir y te vas a quedar en la calle”.
· “Por
culpa de lo deprimido que estoy, ando perdiendo plata todo el tiempo”.
Norma siguió adelante, hasta que
llegó a una negociación que resultó razonable, no en relación con el patrimonio
real (ya que ése nunca se encontraría), sino al que podía, eventualmente, llegar
a probar. |