| El hábito de postergar Origen : http://www.caps.org.ar Autor : Gater Publicado : June 11, 2007 |
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Todos lo padecemos en mayor o menor medida EL HÁBITO DE POSTERGAR El popular "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" termina casi siempre en un amargo "¿por qué no lo habré hecho antes?". Este comportamiento, que parece tan familiar y cotidiano, se llama procrastinación y es la acción de aplazar o postergar en forma sistemática las tareas que se imaginan dificultosas, desagradables o incómodas. Es el caso del empresario que no termina de tomar una decisión vital para el desarrollo de su empresa o el del obeso que empieza la dieta el próximo lunes. Es el universitario que deja el examen para marzo o la madre que posterga el castigo a su hijo para la próxima vez que se porte mal. Es quien no se decide a contratar un seguro de vida o a redactar su primer testamento... "total soy joven todavía". Pero la conducta procrastinadora no termina en el "no hacer" sino que se complementa con una serie de actividades sustitutas que resultan más placenteras y una batería de justificaciones que, aunque válidas y reales, no dejan de ser excusas y, en muchos casos, hasta autoengañosas. ¿Por qué procrastinamos? El exceso de autoconfianza también genera procrastinación y quienes son generadores continuos de ideas caen en la postergación por la simple y sencilla razón de que, mientras implementan una, surge otra que ocupará el primer lugar en sus preferencias personales. Sea cual fuere el motor de esta conducta, el verdadero problema radica en sus consecuencias. Una falsa idea de que, por dejar una decisión para más adelante, se podrá planificar mejor no garantiza la excelencia del resultado. De esta forma, lo único que se consigue es una pésima gestión del tiempo y, a medida que se acerca el plazo límite, el "procrastinador" se da cuenta de que no será capaz de cumplir con su objetivo y, por ende, trabaja en él en forma atropellada con una gran carga de stress y con la posibilidad de que todo salga mal. Y si sale bien, de todas maneras, será con la presión que trató de evitar desde un principio y con una fuerte carga de ansiedad por sentirse sobrepasado. Activar las decisiones Peor es el caso en que, llegado el momento, lo que había que hacer no está hecho. Es ahí cuando surgen los sentimientos de decepción, desilusión y hasta de impotencia por no poder resolver una situación que podría haber sido diferente de haber tomado una decisión a tiempo. Aunque, en este caso, también existe un alto riesgo de fracaso si no se entiende que de la decisión hay que pasar a la acción. |