| Acuerdos perfectos pero imposibles Origen : http://www.caps.org.ar Autor : Dr. Leonardo Glikin Publicado : November 18, 2010 |
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Acuerdos perfectos pero imposibles Publicado: Noviembre 2010 Autor: Dr. Leonardo J. Glikin -Bueno Doctor,
mándeme el acuerdo por mail, lo analizo con la almohada y mañana le
contesto- Quien eso dice cree, de buena
fe, que es exactamente lo que va a hacer. Sin embargo, no va a poder cumplir. Porque la almohada le va a sugerir que busque una
segunda opinión, que converse el tema con la familia, y con algún otro
profesional. Por las dudas. No es que desconfíe de su abogado, pero se dicen
tantas cosas…. ¿Y si hay algo mejor para pedir? ¿Y si resulta posible mejorar el texto, para
asegurarse más aun de que no haya ningún riesgo de incumplimiento de la
contraparte? Después de una primera lectura, es posible que el
dueño de la almohada piense: -Ah…y a mí me están pidiendo algunas cosas que no sé
si voy a conceder, porque demuestran que el otro no tiene hacia mí la misma
estima que yo me tengo a mí mismo. Por ejemplo, yo sé que soy cumplidor de mi
palabra. Sin embargo, del texto que me mandó el abogado se desprende que la
otra parte desconfía. Si desconfía de mí, entonces, no tiene sentido hacer
ningún acuerdo- El protagonista, cada vez más indignado, no responde
al día siguiente. Obviamente, su abogado no vuelve a llamarlo para explicarle
que el tiempo del acuerdo es mágico, y que, si se lo deja pasar, es posible que
no se repita en las mismas condiciones. La razón por la que no vuelve a
llamarlo, es para que el cliente no crea que el abogado tiene
un interés particular en hacer ese convenio. Entonces, pasan tres días, en los cuales el interesado
consulta, no sólo con su almohada (que le aconseja, indignada, que no firme)
sino que conversa con parientes y amigos, quienes, a su vez, le recomiendan que
vaya a consultar a otro abogado. El punto en común, entre parientes y amigos, es que no
suelen conocer la historia del conflicto a fondo, y que, en lugar de tratar de
ponerse en los zapatos del interesado, contestan desde su propia experiencia,
desde sus propios sentimientos y valores…pero con el pellejo del otro. -Yo, en tu lugar, no
le doy nada- -¿Y cuál será el
interés de tu abogado para que hagas este acuerdo?- -No te apurés, vas a ver cómo el otro viene al pie- Es probable que, finalmente, el interesado venga munido de una serie de modificaciones, que desnaturalizan
absolutamente el convenio original. Pero como es tan fácil la “comunicación” (simplemente,
mandar un mail a la otra parte) eso es lo que hace su abogado. Y en ese momento
inicia el mismo proceso…del otro lado. Porque, el poder inaudito que tienen las almohadas, es
el de hacernos creer que el otro no tiene almohada…ni parientes, ni amigos. La almohada nos convierte en autistas que sueñan con
resolver el conflicto con el otro…como si estuviéramos solos. Pero, ¿acaso esto no fue siempre así? No, esto es, en gran medida, consecuencia de la
rapidez con la que podemos modificar un texto, y enviarlo por mail a otro,
quien, a su vez, puede hacerlo revisar por infinita cantidad de asesores y opinadores. Con menos tecnología, las partes en conflicto no
tienen más remedio que participar (aunque cada uno esté en una sala diferente)
no sólo de la negociación, sino, fundamentalmente, del proceso de redacción y
firma del convenio. Es eso lo que persigue la filosofía de la mediación,
pero que no siempre se cumple, porque la práctica de la consulta con la
almohada es, para muchos, la estrategia dominante. Eso nos lleva a que los acuerdos sean, técnicamente
cada vez más perfectos, pero, como cada contrincante se sitúa en espejo con el
otro, en lugar de ceder cada uno en función de un acuerdo, se tensan las
posiciones hasta el punto de conseguir que el acuerdo sea imposible. |