La batalla de las sucesiones: ¿Escribanías o justicia?

Origen : http://www.caps.org.ar/
Autor : caps
Publicado : May 23, 2007


  
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El CAPS Asociación Civil es la primera entidad hispanoparlante consagrada al establecimiento, la práctica y la difusión de la Planificación Personal en todas sus ramas: patrimonial, sucesoria y financiera. Nuestra misión es investigar, desarrollar y difundir la Planificación, metodología ineludible para prevenir conflictos y prever el futuro en la sociedad, la familia y la empresa, hacia una calidad de vida mejor.

Muchas cuestiones relacionadas con la Justicia  requieren   cambios. Algunos sostienen que, entre esos cambios, debería sacarse a las sucesiones del ámbito de la Justicia, para que 
sean tramitadas por escribanos Nosotros, hacemos eje en la Planificación Sucesoria..
 

 "Antes de que muriera mi esposo, que padecía una enfermedad terminal, pusimos todo a nombre de mis hijos con usufructo mí. 
Sé que no es lo ideal, pero no queríamos pagar altas tasas judiciales, ni esperar años a que saliera la sucesión"
cuenta Alicia.

Blanca (66) y Antonio (80) hicieron algo parecido: "nuestro objetivo era buscar una solución rápida, cosa que no encontramos en la justicia. No se que es mejor, pero la situación actual es insostenible, aseguran a coro".   

Sin embargo, estas opiniones parecerían más basadas en prejuicios que en realidades, ya que, si bien muchos expedientes demoran años, no es el caso de las sucesiones en las que los herederos no tienen conflictos entre sí: tres meses es un plazo adecuado para que, si todo está en orden, se cuente con la declaratoria de herederos. 

Y a partir de entonces, si se ponen de acuerdo respecto de la manera de repartir los bienes, no hay motivo para que la inscripción definitiva, o la venta, se demore mucho más.

Obviamente, en un país en el que ha crecido de manera geométrica el mercado de los profesionales, y no así la demanda de sus servicios, existe una competencia por las sucesiones: ¿en manos 
de escribanos, o a cargo de abogados?

Si es así, por el bien del público (o sea, los herederos y los heredantes – los que alguna vez serán heredados) es importante tener adecuada información.

En el sistema propuesto, los escribanos deberían comprobar la veracidad de la documentación, identificar a los beneficiarios y declarar su calidad de tales en certificados de fe pública, válidos 
para realizar la inscripción de los bienes.

Actualmente, todos estos procesos se realizan en sede judicial; aunque muchos piensan en un cambio.

Así, en los últimos años, surgieron proyectos de ley para adoptar un modelo semejante al colombiano, que surgió cuando, después de los efectos devastadores del volcán Nevado de Ruiz, en Armero, fue necesario establecer un sistema que permitiera tramitar las sucesiones de los miles de muertos.

El ex presidente del Colegio de Escribanos, Dr. Jorge Viacava, sostuvo: "Existen procedimientos que se manejan por vía judicial, pero, al no haber controversia, son simples trámites administrativos. Entre ellos, está la sucesión"

Según Viacava, el proyecto avalado por la institución que preside establece que este proceso se haga ante Escribano Público, con la obligación de tener como patrocinante a un abogado. Éste protege y defiende los derechos de los beneficiarios.

Sin embargo, visto desde la experiencia de los abogados, es necesario señalar lo siguiente:

En primer lugar, resulta imposible saber cuándo una sucesión va a ser complicada, y cuándo no. En muchos casos, las complicaciones surgen a raiz de malentendidos que se arrastran desde mucho tiempo atrás (sea entre los herederos, o algún heredero en relación al causante), pero, en otros casos, es el propio devenir de la sucesión lo que origina las tensiones.

En segundo lugar, y también ligado a ello, para todo aquel que tiene derechos en una sucesión, no resulta indiferente que ésta tramite en un espacio neutral, como es el Tribunal de Justicia (aun con todas sus fallas) o en la escribanía, posiblemente designada por la parte adversaria.

No alcanza con comprobar la autenticidad de la documentación que acompañan los herederos del causante. Es necesario que cada uno de los interesados sienta que está en un espacio seguro, donde sus presentaciones y escritos serán tratados sobre la base de los principios de igualdad y debido proceso, que están previstos en la propia Constitución Nacional.

Quienes impulsan la sucesión por escribanos, señalan que el Fiscal, como representante del Estado, supervisaría y controlaría que todo esté bien. El notario sería designado por sorteo, según una lista previa.

Algunos jueces parecerían inclinarse a favor de los escribanos, pero el proyecto tiene el repudio constante del Colegio Público de Abogados, celoso en la defensa de las incumbencias de los abogados, pero, principalmente, opuesto a la privatización del servicio de Justicia en cualquiera de sus aristas. En el proyecto de Miguel Angel Maríncolo, ex consejero y tesorero del Colegio Público de Abogados, se prevé que las peticiones, la recepción de documentación, la publicación de edictos o los requiermientos de certificaciones se cumplan en forma directa, con la sola firma y bajo exclusiva responsabilidad de abogados habilitados ante los Colegios Profesionales. Así, se simplifican los trámites, y la intervención judicial sólo estará en la declaratoria de herederos. Además, se mantiene la incumbencia de los abogados, que se encuentran preparados técnicamente, como colaboradores de la justicia' para cumplir esta función.

Desde la práctica de la Planificación Sucesoria consideramos que el debate hace eje en el lugar equivocado.

De ninguna manera puede afirmarse que las sucesiones simples agudicen la grave sobrecarga de trabajo del Poder Judicial. Por el contrario, son las sucesiones complicadas las que demandan esfuerzo a jueces y personal de la Justicia, ya que deben intervenir en forma permanente, a lo largo de audiencias que se repiten y mediante el dictado de resoluciones de forma y de fondo, que llevan mucha actividad judicial.

Abogados y escribanos están inmersos en una batalla inconducente, porque, en lugar de pelearse por cuál de las dos profesiones se hará cargo de un trámite, deberían unirse en la difusión y docencia necesarios, para que el público asuma su condición de heredantes, y, consecuentemente, planifique su sucesión cuando está a tiempo de tomar las mejores decisiones, en pos de sus deseos e intereses, y en protección de su entorno afectivo.

Basta con advertir lo poco que la gente común sabe acerca de la sucesión, para que nos demos cuenta de que la función de los profesionales no puede limitarse a firmar algunos escritos, sino a compartir con la sociedad lo mucho que saben.